A Spanish Travelmaker. Le carré. Erasmus

Erasmus, el “viaje” que me cambió

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¿Qué es eso del Erasmus?

Erasmus es vida, es viaje, es sueño. Viajar es para mí mucho más que una simple afición, es una necesidad. Es un deseo constante y una forma de ver la vida. Conocer otros lugares, otras costumbres y culturas, otras formas de ser y empaparme en esas diferencias para, finalmente, darme cuenta de que somos mucho más iguales de lo que creemos.

Así, lanzarme a la aventura de vivir en otro país durante un año suena realmente apetecible para mí. Hacer las maletas, saltar a lo desconocido y no tener miedos. He escuchado a muchas personas replantearse dos veces el comenzar una experiencia de estas características por ese rechazo comprensible hacia lo nuevo. Pero yo temo mucho más continuar inmersa en la misma vida siempre, sin cambios ni nuevas historias por vivir.

Es por eso que el Erasmus se planteaba tan llamativo para mí. La oportunidad de vivir en otro país, conocer otra cultura, otro idioma, vivir con personas totalmente diferentes… Pero nunca pude imaginar ni una cuarta parte de cómo sería.

“Y allí estaba, haciendo maletas para un año, sin saber muy bien a dónde iba ni qué me iba a encontrar. Y como para imaginármelo.”

Toda mi vida he oído hablar del Erasmus, de lo bien que se lo pasan, de cómo es el mejor año de tu vida, de cómo es una experiencia única, de que aquellos que van de erasmus sólo van de fiesta. Y yo, con mis ganas de viajar, de moverme y de cambio, no me lo quería perder. No me importaba tanto el destino, como la experiencia.

Durante muchos años deseé poder conseguir mi beca y vivir ese sueño. Y allí estaba, haciendo maletas para un año, sin saber muy bien a dónde iba ni qué me iba a encontrar. Y como para imaginármelo. Mis ganas pudieron a mis miedos y fue así como llegué a aquel aeropuerto intentando hablar un idioma que debería saber, pero en el que no entendía nada.

Sin saber muy bien cómo, conseguí llegar a la ciudad que se ganaría un trocito de mi corazón para siempre. Recuerdo ver por primera vez esas calles que ahora conozco al dedillo y sentirme eufórica: aquí comenzaba mi aventura.

Liège. A Spanish Travelmaker. Alicia García Recio

Llegué a aquella casa, a una habitación muy grande y vacía, algo que no sentía mío, pero que bastaron dos días para sentirme como en casa. El primer contacto con mis compañeros de piso, aquellos con los que no compartía nada aparentemente, ni siquiera país de origen, lengua o incluso forma de saludarse (¡qué extraño es no saber cómo saludar a una persona cuando tú quieres dar dos besos mientras te dan la mano!).

Las primeras fiestas en las que conoces a tanta gente, que te olvidas hasta de sus caras, algo que nunca te había pasado.  Los primeros días en que no consigues pronunciar ni una palabra bien en ese idioma que tan difícil se te plantea. Y pasado un mes que te has acostumbrado tanto a hablarlo (aunque no se te dé todavía tan bien), que incluso traduces frases mal automáticamente a tu lengua materna. Algo que no llegas a comprender, pero que te divierte.

Los primeros viajes comienzan antes de que lleves una semana allí. Ese grupo con el que no sólo te identificas, sino a los que consideras amigos y eso que tan sólo llevas unos días con ellos. Las continuas fiestas y los días tranquilos que terminan siendo un mundo completamente nuevo. Las noches que te quedas en casa, por pocas que sean, terminan convirtiéndose en cenas internacionales y conversaciones hasta las tantas de la mañana.

“Tus ganas de comerte el mundo y el descubrimiento de tantas diferencias te hacen darte cuenta de que te gustan cosas que jamás te habían interesado.”

Ya no concibes un mundo en el que no hagas algo interesante cada día. Aunque ese “algo” pueda ser quedarte en casa rodeada de tu nueva familia.

Pero no sólo son fiestas. Tus ganas de comerte el mundo y el descubrimiento de tantas diferencias te hacen darte cuenta de que te gustan cosas que jamás te habían interesado. Y ahí estás, disfrutando de un concierto de jazz, comprando tu primera entrada a una ópera o preparando tú mismo aquel plato asiático que nunca te había llamado la atención.

Porque asumámoslo. Cuando se va de Erasmus uno no va siendo un chef de alta cocina, ni volverá siéndolo, pero habrás probado tal cantidad de cosas diferentes que no podrás ni creértelo. Aunque siempre echarás de menos la comida de casa. Solo hay que ver los continuos contrabandos de jamón con cada visita y las llamadas a tu madre para que te explique, de nuevo, aquella receta buenísima a la que nunca prestaste atención cuando estabas en casa.

Sin darte cuenta, los días pasan. Estás de vuelta en las vacaciones de navidad, con mil y una historias que contar, tantas, que ni siquiera eres capaz de abarcarlas todas. Los primeros días agradeces ver a tu familia y a tus amigos de siempre. Pero enseguida te das cuenta de que te falta algo y quieres que pasen los días aún más rápido que en el último mes.

Así regresas, con más comida en la maleta que ropa y con un poco de turrón para que tu nueva familia lo conozca.  Vuelves a sentirte bien y a irte a la cama cada día con una sonrisa.

“Meses que suenan a vida y que te han cambiado para siempre. Las despedidas se convierten en las mejores fiestas, siempre con un sabor amargo y envueltas en lágrimas.”

Pero, sin que te des cuenta, se ha acabado el primer cuatrimestre y tienes que decirle adiós a muchas de las personas que han sido tu día a día durante esos meses. Meses que suenan a vida y que te han cambiado para siempre. Las despedidas se convierten en las mejores fiestas, siempre con un sabor amargo y envueltas en lágrimas.

Erasmus. A Spanish Travelmaker. Alicia García Recio

Sin embargo, la vida sigue. Estás a mitad de camino y sientes que quieres hacer aún mucho más. Nada te frena. Ya te conoces tu nuevo país y todos los alrededores como anillo al dedo, por lo que decides lanzarte más allá. Ya habías viajado, pero nada se compara a esto.

Duermes donde sea y consigues adaptar el presupuesto al mínimo. Recuerdas con gracia aquel momento en el que te ponía nervioso el tener que compartir habitación con desconocidos, y hoy lo que compartes es el suelo de cualquier aeropuerto.

Ese “año loco” se convierte en lo más serio que has hecho jamás.

Viajas, descubres y decides sumarte a cada aventura. La frase “por qué no” se convierte en tu ideario. Esta es la única oportunidad que tienes para vivir este momento. Y así es como cada día se convierte en un mundo nuevo. Creías que nada podía igualarse a ese primer cuatrimestre, pero todo va en aumento.

Tus amigos te conocen de maneras que ni siquiera te conocías tú. Te das cuenta de que has cambiado, has crecido y te ves capaz de todo. Y ese “año loco” se convierte en lo más serio que has hecho jamás. Sabes lo que quieres y no vas a dejar que nada ni nadie te haga cambiar de idea. Quieres seguir evolucionando y cumpliendo tus sueños. Te has dado cuenta de que sí es posible y de que el mundo es mucho más que todo aquello que conocías hasta ahora. Algo que parece obvio, pero que nunca había cobrado tanta lógica.

Y así llega el final, entre fiestas, viajes y dormir poco. El cansancio no te importa y decides aprovecharlo a como dé lugar. Te sientes poderoso y no te importa el qué dirán. Y de repente, vuelven las despedidas. Pero esta vez es peor. Esta vez no hay un después. Se acabó y no va a volver.

Erasmus. A Spanish Travelmaker

Es entonces cuando más feliz eres, por paradójico que suene. Sabes que has aprovechado cada momento, que has exprimido tu tiempo al máximo y que no podrías estar más contento y orgulloso de cada historia que recordarás siempre. Al igual que a tu nueva familia compuesta por personas de diferentes continentes. A muchos tardarás años en volverlos a ver, pero estás seguro de que llegará el día, ya que lo que habéis pasado allí siempre os acompañará.

Se acabó, pero tu impresión no es esa. Sabes que no ha sido, como mucha gente que no lo ha vivido dice, un año antes de volver a la realidad. No. Tu realidad durante ese año era ese país, esa gente y esa etapa de tu vida. Y sientes que esto no ha hecho más que empezar. Que el Erasmus no es eso que dicen de una vida en un año, sino el primer año del resto de tu vida.

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