No vuelvo a casa por Navidad

No vuelvo a casa por Navidad

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Postal de Navidad de una expatriada

Hola mamá, hola papá,

no sé muy bien cómo comenzar esta carta. Tengo que reconocer que escribir estas palabras me ha costado mucho, pues no es lo que desearía contaros, ni lo que supuestamente está aceptado en estos días de Navidad. Semanas de ensueño, de reencuentros y de que no importe lo que suceda alrededor, pues se disfruta en familia.

Días de magia, de luces de colores que inundan las calles. De villancicos que se cuelan en las radios, comercios y casas para impregnar el ambiente con su mensaje de alegría y felicidad.

Todo está estratégicamente preparado para apelar a nuestros sentimientos familiares. Que si el mayor premio es compartirlo, que si esta Navidad conoce todo lo que no has sabido hasta ahora sobre tu familia, que si tenemos que vernos más… Porque sí, aunque no os lo creáis a 2000 kilómetros de casa también llegan los anuncios navideños.

La Navidad aumenta todo y, cómo no, también los billetes de avión

Desafortunadamente, hoy os escribo para contaros que ya tengo las maletas preparadas, pero no para el destino que realmente me gustaría. No para acurrucarme en mi cama, tomarme una taza de chocolate caliente o colocar los regalos en el salón como cada año. Ni para ver una película navideña en el salón junto a vosotros, ni para jugar una partida de cartas con el abuelo. Tampoco para discutir sobre quién se sienta dónde, ni para preparar las uvas unos minutos antes de las doce.

La Navidad aumenta todo: la cantidad de comida, los regalos, las ganas de estar juntos. Todo parece dispuesto en mayor medida y con mayor intensidad. Todo, incluido los precios. La comida, la ropa, las fiestas, las cenas, los regalos… Todo sale más caro. Y, cómo no, también los billetes de avión.

Marcharse fuera de casa a descubrir una cultura diferente, con otras gentes y otras lenguas requiere mucho coraje. Es una carrera de obstáculos constante que ayuda a apreciar las cosas más pequeñas. Cada paso supone una victoria y se celebra como tal. Hace que uno se sienta realizado con sensaciones de lo más sencillas. Pero, por muchas ganas que se tenga, hay días en que no es fácil.

No es fácil tener que escuchar el cumpleaños feliz por teléfono, ni estar presente en las cenas entre amigos por videollamada. No es fácil enterarse de todo a destiempo o no ser capaz de ayudar cuando alguno de los tuyos lo necesita, hasta en los momentos más cotidianos. No es fácil tener que disfrutar lejos de la Navidad, el tiempo en que todo nos dice que es una época para pasar en familia.

Lo que de verdad importa es poder sentarme a la mesa frente a las personas más fundamentales de mi vida

He pensado mucho en qué podría regalaros, teniendo en cuenta que mi presupuesto es reducido. Sé que el regalo que más ilusión os haría este año sería mi presencia, mi retorno al hogar en estos días tan señalados. Sin embargo, no puedo ir. Ya podréis notar que no es porque no quiera, sino porque estos días los que verdaderamente ganan son los que cobran el mismo billete siete veces más caro.

Pero, ¿qué distingue a estos días de cualquier otro para disfrutar en familia? Lo que de verdad importa es poder sentarme a la mesa frente a las personas más fundamentales de mi vida. Comer juntos, discutir sobre tonterías juntos, reír juntos, disfrutar juntos. Jugar a los mismos juegos de siempre o contar historias nuevas sobre aquellos lugares que desearíamos conocer. O quizá relatar anécdotas con más años que la mayoría de los presentes, pero que despiertan una sonrisa en cada uno de nosotros.

Preparar uno de los platos que tanto nos gusta y abrazarnos fuerte, por si acaso vuelve a pasar mucho tiempo hasta que volvamos a encontrarnos.

No es la Navidad la que hace que estos días se llenen de ilusión y alegría, no. Las encargadas de acelerar los corazones y cautivar con su magia son las personas. Aquellas con las que da igual que sea martes o fin de semana, verano o invierno, Navidad o cualquier otro día del año.

Por lo tanto, os aseguro que muy pronto volveré y no pondré en peligro mi economía para ello. Y, sobre todo, os prometo que merecerá la pena la espera y haremos de esos días mucho mejores que cualquier diciembre. Porque siempre os llevaré conmigo, aunque no vuelva a casa por Navidad.

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3 thoughts on “No vuelvo a casa por Navidad”

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